Historia


Notas para una historia de La Editorial

Por Armindo Núñez Miranda

El 12 de julio dio inicio la celebración de los sesenta años de la Editorial de la Universidad de Puerto Rico. Una empresa universitaria de publicaciones que como tantas otras ha respondido a los proyectos culturales y educativos de la institución docente de la que es parte. Porque precisamente en la Editorial, justo en sus años fundacionales, cuando se entendía como identitario del quehacer universitario pensar el país, estudiar los problemas que le afectan, aportar opinión, crear conocimiento y preparar los dirigentes, y los técnicos, y los profesionales en general, se le facilitó al claustro docente y se le proporcionó a los estudiantes un proyecto de publicaciones que respondía efectivamente al objetivo institucional de la llamada “casa de estudios”. Esos esfuerzos de reforma no eran otra cosa que la puesta en práctica en Puerto Rico de la misión pedagógica del filósofo español José Ortega y Gasset, esbozada en su libro Misión de la universidad de 1930 e interpretada y adaptada, entre 1942 y 1943, por un joven rector recién estrenado de nombre Jaime Benítez Rexach.

¿Y por qué aludir al día y al mes?

Es que el 12 de julio de 1947 Benítez oficializa la gestión editorial mediante un documento con su rúbrica creando una entidad que hace suya la encomienda adjudicada a la Junta Editorial, también por él establecida en 1943, para editar “y fomentar la publicación de libros, monografías, conferencias y folletos de utilidad para el desarrollo de la cultura puertorriqueña y promover el intercambio de publicaciones con otras instituciones” estadounidenses, latinoamericanas y europeas. Además, designa a Antonio J. Colorado Capella como primer director, quien había sido nombrado cuatro años antes como primer decano del otrora Colegio y hoy Facultad de Ciencias Sociales.

Afanes panamericanos en un primer título

No obstante, la actividad editorial de la Universidad de Puerto Rico surgió, para algunos, en 1927 con la publicación en París del libroIndología de José Vasconcelos, producto de sus conferencias dictadas en la isla por invitación del entonces canciller Thomas E. Benner. Allí el pensador mexicano resume sus ideas en torno al panamericanismo, doctrina política que generaba mucho interés en el educador de Massachussets, pues éste aspiraba convertir aquel primer centro docente riopedrense en el paradigma de la universidad panamericana a escala internacional.

Bajo el signo de Ortega

Pero no es hasta 1932 que otro canciller, Carlos E. Chardón, crea un Comité de Publicaciones que será responsable de editar ese año laBibliografía puertorriqueña (1493-1930) de Antonio S. Pedreira, producto de siete años de investigación con el objetivo de ofrecer un curso de literatura en el Departamento de Estudios Hispánicos. Dos años más tarde sale a la luz pública La novela indianista en Hispanoamérica (1832-1889), tesis doctoral de Concha Meléndez. En 1935 apareció La actualidad del jíbaro, de Pedreira, y en 1936, The United States and Puerto Rico, de Samuel McCune Lindsay, quien fuera comisionado de Instrucción de Puerto Rico de 1902 a 1904.

El 1941 marca la publicación de El periodismo en Puerto Rico de Pedreira en edición póstuma. Un segundo libro de Meléndez se edita en 1943, titulado Asomante (ensayos), y el próximo año se dan las tiradas de Teoría del olvido del poeta Francisco Matos Paoli y Aprecio y defensa del lenguaje del poeta madrileño Pedro Salinas, profesor visitante y notable miembro de la Generación del 27 que para entonces había traducido algunas novelas de Marcel Proust. En 1945 le toca el turno al poemario Nanas de Esther Feliciano Mendoza y en 1946, habiéndose cumplido un siglo de la publicación del Aguinaldo puertorriqueño de 1843, la Universidad reedita ese “primer esfuerzo de expresión literaria” en el país. Asimismo, se incluye en su oferta de títulos de ese año: La inquietud sosegada de Concha Meléndez, Apología de la pequeña nación del venezolano Mariano Picón Salas y el libro de poemas Tú, mar, y yo y ella de Evaristo Ribera Chevremont.

El año 1947, cuando se crea finalmente la Editorial bajo la dirección de Colorado, se produce entre varios títulos: Reseña histórica y anotaciones al Código Civil de Puerto Rico, tomo I, de Luis Muñoz Morales, y Don Quijote y los libros de Vicente Llorens Castillo, historiador de la literatura española nacido en Valencia que a la sazón se encontraba en República Dominicana y llega a la Universidad por invitación de Salinas.

En 1948 se publican: El Habeas corpus en Puerto Rico de Santos P. Amadeo; Palabras para la Universidad de Puerto Rico de la poeta chilena Gabriela Mistral, ganadora del Premio Nobel de Literatura del año 1945; El español en Puerto Rico del lingüista Tomás Navarro Tomás, quien había sido profesor durante el esfuerzo fundacional del Departamento de Estudios Hispánicos; y La novela en Puerto Rico de Carmen Gómez Tejera. Al otro año: Göethe y el espíritu del Fausto, del filósofo chileno Jorge Millas y A History of Education in Puerto Rico de Juan J. Osuna.

Colorado finaliza su período de dirección en la Editorial Universitaria para convertirse inmediatamente en director de la antigua Editorial del Departamento de Instrucción Pública. Sale del claustro universitario con ciertas diferencias con Benítez por la insistencia de éste en la cultura occidental como elemento fundamental de la educación superior. Le cuestiona su incumplimiento con los postulados de afirmación puertorriqueña porque aquel hombre universal “era también de aquí y que por ser universal no era menos puertorriqueño”. De inmediato, pasa a dirigir brevemente Emilio M. Colón Martorell.

En la casa de estudios

En 1949 había llegado a Puerto Rico el escritor y crítico social granadino Francisco Ayala García-Duarte proveniente de Buenos Aires. Benítez lo contrata para reorganizar el curso básico de ciencias sociales y escribir el texto del curso “Introducción a las ciencias sociales” y al año siguiente lo nombra Director de la Editorial.

Los seis años de labor editorial de Ayala constituyeron un hito en el proceso de configuración y la puesta en práctica del proyecto de lo que para Benítez era la misión de la universidad. Durante este período se diseñó la primera gran colección de la Editorial, conocida como el fondo de la Biblioteca de Cultura Básica, y cuya impresión contó con la cooperación de la madrileña Revista de Occidente y con la colaboración editorial, entre otros, de los españoles Jorge Enjuto, Miguel Enguídanos, y el argentino Adolfo P. Carpio.

Entre los muchos títulos de esa época se encuentran:

La invención del Quijote, del propio Ayala y El teatro en Puerto Rico, de Antonia Sáez Torres, ambos en 1950.

1951, Orígenes y desarrollo de la afición teatral en Puerto Rico, de Emilio J. Pasarell.

1952, Paliques, de Nemesio R. Canales Rivera; Historia de Puerto Rico (siglo XIX), Tomo I, de Lidio Cruz Monclova; Fausto, de Johann W. Göethe (traducido por J. Roviralta Borrell); y Puerto Rico and the Non Hispanic Caribbean, de Arturo Morales Carrión.

1953, Lecciones sobre la filosofía de la historia universal, 2 tomos, de Georg W. Hegel (traducción del asturiano-mexicano José Gaos) y laHistoria de la esclavitud negra en Puerto Rico de Luis M. Díaz Soler.

1954, La nueva sociedad, del historiador inglés Edward H. Carr (traducción de H. Marty); El pensamiento cautivo, del polaco-estadounidense Czeslaw Milosz (primera traducción al español); Ideas y creencias, de José Ortega y Gasset; Geografía física de Puerto Rico (primera parte), de Rafael Picó; Psicología educativa, de Efraín Sánchez Hidalgo; A fuego lento, de Salvador Tió Montes de Oca; Discurso del método, de René Descartes (traducción del argentino Risieri Frondizi) y Poesía puertorriqueña de Luis Hernández Aquino.

1955, Las lusíadas, de Luis de Camõens (traducción del novelista y poeta zaragozano Ildefonso Gil López); La Dorotea, de Lope de Vega (edición del filólogo español José Manuel Blecua Teijeira); Sentimiento de un viaje, de Violeta López Suria; El príncipe, de Nicolás Maquiavelo (traducción del argentino Luis Arocena); Diccionario de literatura puertorriqueña, de Josefina Rivera de Álvarez; Prosa moderna en lengua española, del madrileño Segundo Serrano Poncela; y Obras completas (tomo 1), de William Shakespeare (traducido por el biógrafo y periodista español Luis Astrana Marín).

1956, Las leyes, de Marco Tulio Cicerón (traducción de Roger Labrousse); Sanz, promotor de la conciencia separatista en Puerto Rico, de Labor Gómez Acevedo; La Ilíada, de Homero (versión del lingüista catalán Luis Segalá Estalella y edición de Guillermo Thiele); Introducción a Henry James, de Nilita Vientós Gastón; Novelas y cuentos, de Voltaire (traducción del madrileño Antonio Espina); y los dos tomos de Obras en prosa, de Edgar Allan Poe (traducidos por Julio Cortázar al que Ayala ya conocía desde Buenos Aires. Y tan pronto supo que estaba residiendo en París con su primera esposa Aurora Bernárdez, le escribe porque se acordaba de sus conversaciones en torno a cómo había despertado a la literatura moderna al leer los cuentos de Poe y que le enseñó lo que era gran literatura y lo que es el género del cuento. Por ello le encomienda la traducción que comenzó en un viaje a Italia, todo por la suma de unos quince mil dólares que le permitió, a pesar de las penurias de aquellos tiempos, comprar un viejo apartamento en la Place du General Beuret, en el XV arrondissement [Entrevista de Elena Poniatowska, Vuelta, 1975 y Mario Goloboff, Julio Cortázar la biografía, 1998].

Otra aportación significativa de Ayala fue la fundación en 1953, junto con el rector Benítez, de la revista La Torre por aquello de puntualizar el quincuagésimo aniversario de la UPR. Durante sus primeros tres años fungió como el director de esa publicación. En Recuerdos y olvidos(1988) manifiesta que “la revista era hechura mía, como nadie ignoraba, pero aparecía bajo la dirección del rector Benítez”. [p.414]

En 1956 el antropólogo y profesor universitario Eugenio Fernández Méndez pasa a la dirección editorial. A partir de 1958 cuenta con el apoyo del profesor español de filosofía Antonio Rodríguez Huéscar y continúa la colaboración de Enjuto. Entre los nuevos títulos del siguiente año se encuentran: el segundo tomo dividido en dos partes de la Historia de Puerto Rico (siglo XIX), de Cruz Monclova; la antología de la obra poética de Luis Palés Matos, Poesía (1915-1953), preparada por Federico de Onís, fundador del Departamento de Estudios Hispánicos: y Miaude Benito Pérez Galdós, edición al cuidado del crítico Ricardo Gullón, reconocido especialista en Galdós y responsable de dirigir la organización de los documentos de la Sala Juan Ramón y Zenobia de la Biblioteca José M. Lázaro.

En 1961 aparece la segunda edición del libro Garcilaso de la Vega, contribución al estudio de la lírica española del siglo XVI, de Margot Arce de Vázquez. Al año siguiente se publicó la Oración acerca de la dignidad del hombre, de Giovanni Pico della Mirandola (traducción del profesor chileno José María Bulnes Aldunate); Mito y existencia de Ludwig Schajowicz y el tomo 1 del Índice cultural de Nilita Vientós Gastón. En 1964 apareció el segundo tomo del Índice cultural y un año más tarde La divina comedia, de Dante Alighieri (traducción de Manuel Aranda Sanjuán). Entre 1965 y 1966 la dirección queda vacante y Norberto Lugo, quien ocupaba el puesto de administrador, se encarga de toda la labor editorial.

Las últimas décadas del siglo

En 1967 el rector nombra a Isabel Ortiz Espéndez como directora, extendiéndose su labor hasta el 1972. Algunos funcionarios destacan que bajo su incumbencia se mejora la administración, y se incrementa la impresión y circulación de las publicaciones. Algunos de los títulos publicados fueron: Árboles comunes de Puerto Rico y las Islas Vírgenes de Little, Wadsworth y Marrero (1967), Las aves de Puerto Rico de Virgilio Biaggi (1970), La política puertorriqueña y el Nuevo Trato de Thomas Mathews (1970), y el tercer y cuarto tomos del Índice cultural de Nilita Vientós (1971).

De 1973 a 1977 la dirección pasó a manos del ensayista, columnista de humor y poeta Salvador Tió Montes de Oca, quien logra integrar la Editorial a la Asociación de Editoriales Universitarias de Estados Unidos. Entre las obras publicadas en su época se destaca la primera edición en español de La americanización en Puerto Rico y el sistema de instrucción pública de Aida Negrón de Montilla (1976). Durante el 1978 dirige el profesor de Derecho Carmelo Delgado Cintrón.

De 1979 a 1986 fue un período de dos direcciones interinas ocupadas por dos administradores, primero Félix Rodríguez y luego Evaristo Ortiz Velázquez. En 1986 nombran al periodista cultural y crítico literario Juan Martínez Capó, extendiéndose sus labores hasta 1988.

A partir de 1988 hasta 1992 ocupa el puesto la escritora y editora Marta Aponte Alsina. En ese período se crean las colecciones Mujeres de Palabra, Caribeña y Puertorriqueña y se editan muchos libros, entre ellos: Romanticismo y modernidad (2 tomos) de Esteban Tollinchi (1989), Fotografías para la historia de Puerto Rico de Osvaldo García (1989) y El habla campesina del país de Manuel Álvarez Nazario (1990), La planificadora Dalidia Colón Pieretti que fungía de administradora asume la dirección interina de 1992 a 1994, dándole continuidad a la programación ya establecida. En 1993 se inicia la Colección San Pedrito, especializada en literatura para niños.

La dirección central de la Universidad designa en 1994 al catedrático jubilado de Literatura José R. de la Torre Martínez como director en propiedad, cuya labor se prolonga hasta el 1998. Durante esa época se publican Arqueología lingüística de Manuel Álvarez Nazario (1996), La invención del Caribe de Jean Casimir (1997), Los coquíes de Puerto Rico de Rafael L. Joglar (1998), La metamorfosis de Roma de Esteban Tollinchi (1998) y A Soldier in Science de Bailey K. Ashford (1998). Luego Juan L. Abascal que estaba a cargo del departamento de Edición, pasa interinamente a estar al frente de la Editorial por un breve lapso. En 1998 nombran en la dirección a Carlos D’Alzina Guillermety, su cometido dura hasta el año 2002. Algunas de las obras de ese cuatrienio: Panorama histórico forestal de Puerto Rico de Carlos Domínguez Cristóbal (2000), Sobre ínsulas extrañas de Mercedes López-Baralt como editora (2001), y Universidad y sociedad de Abraham Díaz González (2002).

A partir del Centenario

En 2003 designan como director interino de la Editorial al profesor de historia latinoamericana Luis Agrait Betancourt. Ese año marca la salida del sexto tomo del Índice cultural de Vientós Gastón.

Finalmente el Consejo Editorial nombra como director ejecutivo en 2004 al editor Manuel G. Sandoval Báez. Se crean las colecciones de literatura infantil Nueve pececitos y Dos lenguas, la de Clásicos no tan clásicos de la literatura puertorriqueña y se insiste en la agilización de la estructura organizativa, y en la profesionalización e internacionalización de la empresa editorial. Se publican entre otros: Imagen y palabraedición de Marta Aponte (2005); Frente a la Torre, de Álvarez Curbelo y Raffucci (2005); Estados Unidos y el Caribe de Anthony Maingot (2005); Atlas ambiental de Puerto Rico, de López Marrero y Villanueva Colón (2006); Raíz y ala: antología poética de Francisco Matos Paoli, preparada por Luis de Arrigoitia (2006); Lindsay Daen: The Man and the Sculpture (2006); Una arquitectura de impronta social: la obra de Henry Klumb de Enrique Vivoni Farage (2006) y José Antonio Torres Martino: voz de varios registros (2006).

El sexagésimo aniversario sirve de fundamento para analizar el proyecto cultural y educativo de La Editorial, más allá de las celebraciones inconsecuentes. Se trata de advertir los cambios consignados por algunos profesionales del libro, tales como: la disyuntiva actual de las editoriales universitarias para no limitarse exclusivamente a las necesidades de las cátedras y demandas de los estudiantes ni tampoco circunscribirse fundamentalmente a los trabajos producidos en la misma universidad. Y ponderar además, el efecto de las nuevas tendencias en las políticas de adquisición de las bibliotecas universitarias dirigidas a las revistas y bases de datos electrónicos. Como también las consecuencias del mercado del libro y de las nuevas tendencias de la universidad contemporánea.

La Editorial de la Universidad de Puerto Rico se creó con el propósito de fomentar, enriquecer y difundir ampliamente los conocimientos que se generan en la universidad. Un compromiso que todavía mantiene y aún se manifiesta en la producción de novedades y en su fondo editorial.

[Publicado en Diálogo, agosto 2007]